Parece que la nueva reforma tributaria que está en fase de análisis en el Parlamento introduce modificaciones en el IRPF en lo que a la vivienda respecta, afectando negativamente a los nuevos inquilinos, los propietarios que alquilen sus viviendas y a los inmuebles comprados hace más de veinte años. También se está estudiando aumentar el tributo por los inmuebles que no son vivienda habitual ni se alquilan.

Las propuestas inicialmente formuladas por Cristobal Montoro como hacer que las familias paguen impuestos por ser propietarios de la vivienda habitual o eliminar retroactivamente la deducción que beneficia a las familias con hipotecas.

Las reformas tributarias han sido constantes desde el inicio de la crisis dada la necesidad de recaudación. Esta reforma de Montoro suprime beneficios fiscales y aumenta directamente carga tributaria.

Para el hipotecado podrá seguir deduciéndose el 15% de las cantidades hasta un máximo de 1356 los que iniciaron su hipoteca antes de 2013. Los vendedores por su parte se ven perjudicados por las ganancias patrimoniales de la venta de una vivienda de antes de 1994.

Los inquilinos se ven afectados principalmente en el sentido de que se suprimen los incentivos a estimular el mercado de alquiler pues los nuevos inquilinos ya no tendrán la bonificación de un 10% de deducción en las cantidades por debajo de los 24000 euros con un techo de desgravación de 906 euros con un componente progresivo y solo llegan a él los usuarios con renta menos a 12000 euros. Por su parte el casero está exento de pagar el 60% de los rendimientos del alquiler y llega al 100 si los inquilinos son jóvenes de entre 18 y 30 años, pero con la nueva reforma se suprimiría esta bonificación aun a riesgo de emerger el mercado de alquiler en negro y lo que ello supone para Hacienda.